El pañuelo
Yo fui el más pequeño lucero en su cielo imperceptible lumbre, luciérnaga sin vuelo. Sequía de fontana, aridez de riachuelo. En reducida pasión, un minúsculo anhelo. Sumergido en las aguas de hondas fantasías se marchó navegando a una extraña bahía. Yo me quedé en el puerto agitando su pañuelo y en la angustia del adiós lo anudé a mi largo pelo. Pequeña como fui a sus grandes anhelos no halló en sus noches ningún otro lucero. Ningún sendero cierto, ni la voz de un te quiero ni abrigo, ni hogar, ni en su pasión consuelo. Hoy que se encuentra solo, que yo le he olvidado que cuando pienso en él, apenas me conduelo él lleva mi recuerdo, en su alma atesorado y yo algunas veces... ¡contemplo su pañuelo!