Laberinto
Camino a ciegas en el laberinto del deseo, pues la locura por tenerte me hace su habitante. Me sentiré triunfante el día que me encuentre sobre la piel desnuda de tu abrazo palpitante. Y rendiré mi cuerpo al golpe de tu embate, sobre la erguida cumbre del sendero de tu vientre. Y si te nublas de pasión y de delirio permite que te atraiga sutilmente y que mis piernas te indiquen el camino. Arrullado entre las lomas de mi pecho con el techo del alba te haré un cielo para que beses mis estrellas lentamente deleitándote en lo eterno del desvelo. Envuelta en tu pálpito demente, y en tu fuerza viril: seré alborada. Tú serás vencedor sobre mi piel mojada y yo, derrotada mortal, que en un sueño de amor llegó a ser diosa.